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Acontecimiento
Revista Caretas - Luis E. Lama

(21.06.2012)

La exposición de Carlos Cruz-Diez en Enlace es todo un hito en nuestro movimiento cultural. Es una muestra a la altura de cualquier sala de museo y resulta sorprendentemente bien curada para los estándares usuales de nuestras galerías.

Creador junto con Soto del principal movimiento de vanguardia latinoamericano, Cruz-Diez (Venezuela, 1923) radica en París desde hace cincuenta años, desde donde se expande internacionalmente. En el presente siglo son varios los museos que han acogida su obra, y la recientemente vista fue una amplísima retrospectiva en el MALBA de Buenos Aires en cuyo recorrido se podía apreciar la oscilación pendular y el declive del arte óptico a partir de la posmodernidad.

Desde 1955 se habían iniciado sus experiencias ópticas directamente ligadas a los movimientos geométricos de la década que se enfrentaban al informalismo europeo, o al expresionismo abstracto norteamericano. Su carga emotiva quedó relegada en la siguiente década por una nueva generación que se abrió paso con nuevas maneras de hacer un arte más analítico, más preocupado por la percepción, como a su modo, un siglo atrás, lo hicieron los impresionistas con su captura de la luz y sus estudios del impacto del color en nuestras retinas.


Las vanguardias de los 60 tuvieron lugar en una sociedad neomarxista que buscaba revolucionar todos los aspectos de la vida y las tendencias se sucedieron o convivieron con notoria velocidad. El filo duro, el Pop y el Op fueron desde los inicios los privilegiados, a tal grado que el arte óptico se expandiría rápidamente a la industria y al diseño. Si uno revisa Modesty Blaise, de Joseph Losey, comprenderá que a ese apogeo que se aprecia en la película solo podía suceder su declive, como sucede con toda moda que está en la cresta de la ola.

Pero esta apropiación masiva tomaba lo más superficial del arte Op, pues muchos artistas fueron notables, y creadores como Bridget Riley han experimentado una revalorización y hoy vuelve a ser considerada una creadora de culto. Es necesario mencionar a precursores como el popular Vasarely y aquellos que los siguieron como Frank Stella, Larry Poons y Anuskiewiecz, quienes pueden resultar inéditos a las nuevas generaciones pero que en nuestros años sesenta, con Arte Nuevo liderado por Juan Acha, fueron ampliamente "citados". Fue tan popular, que en una Lima infinitamente menos conservadora y más igualitaria que la actual, habían cadenas de tienda Op Art.

En un país con un pasado artístico predominantemente geométrico como el nuestro, paradójicamente nuestra contemporaneidad sólo se ha visto privilegiada con algunos ejemplos, sobre todo durante los años cincuenta con la visita de Devasne a Lima y la experiencia con artistas jóvenes de la época como Rodríguez Larraín, Piqueras y Moncloa, de quienes hay magníficos ejemplos absolutamente vigentes y de una frescura infinitamente superior a cualquiera de las obras que hoy se producen. La década siguiente vio algunas manifestaciones en la vanguardia y de allí la solitaria voz de Régina Aprijaskis dentro de un oleaje que variaba de neoexpresionista a neo dadá, como expresión de una identidad que nunca se terminará de definir.

Este autoencierro hace aún más indispensable la visita a Enlace. Allí se podrá ver una variedad sorprendente de obras y una paradoja en el trabajo óptico de Cruz-Diez: a pesar de que está basado en principios científicos y se vale de estructuras repetitivas, nunca se produce un agotamiento en el espectador, porque cada pieza constituye un descubrimiento de nuestra percepción, por la sencilla razón de que con nuestro desplazamiento por las salas vamos dando nuestra propia configuración a cada una de las piezas, demostrándose cómo el Op, a pesar de su naturaleza técnica, está bastante lejos de la impersonalidad.

Una mención especial merece la instalación con cuatro computadoras que proyectan en todo el cuarto ubicándonos al interior de cada uno de los cuadros mientras la luz se mueve de manera intermitente y las líneas van variando de color y, particularmente, de forma, al proyectarse sobre los volúmenes que se han ubicado en la sala (ver foto) y, sobre todo, en nuestro cuerpo, que se convierte en un reto a la precepción. Visita obligatoria a esta muestra de un venezolano universal a quien el actual presidente no reconoce como artista nacional. Pero allí quedan las memorables, monumentales, obras en el espacio público que cada día se encargan de desmentirlo. La historia se encargará de esto.

Source : Revista Caretas - Luis E. Lama 

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