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Gerencia militar, raíz de atraso en Venezuela
El Carabobeño - Luis Santiago

(24.08.2012)

Lúcido y lleno de energía a sus 89 años, al frente de su imponente ordenador con software de diseño gráfico de última generación, Carlos Cruz Diez, uno de los máximos exponentes del arte cinético, se prepara con humildad para ser entrevistado, en su oficina en el centro de París, sin percatarse que él representa, desde hace 53 años, esa fuga del capital intelectual criollo por falta de oportunidades y de visión en Venezuela.


La última vez que fue visto el original de la Fisicromía Color Naranja. (Foto Orlando Nader)

Holgado, gracias a su pasión y arduo trabajo rememora, luego de un trago de café expreso casi sin azúcar, que Venezuela se convirtió en un lugar humillante para la gente pensante desde el siglo pasado, cuando muchos se disfrazaron de militares y, con la promoción del culto a Simón Bolívar, desvirtuaron el camino hacia el desarrollo. “El hecho de gerenciar el país a la manera militar es lo que nos ha causado grandes retrasos”.

El petróleo sirvió para convertir al venezolano en limosnero. Cruz Diez justifica su afirmación: Es un recurso que hizo rico a un Estado que da migajas al pueblo, que es pobre. Deebería ser al revés, como ocurre en Francia, Estados Unidos o Alemania, donde el Estado es pobre y el pueblo es rico, analiza el ex ilustrador del diario El Nacional.

Las bases del subdesarrollo y los problemas políticos son la falta de identidad y el desconocimiento. El ciudadano ignora la historia civil venezolana porque el sistema educativo, instaurado por mandatarios indoctos, nunca le ha enseñado a pensar. Lo ha centrado en el caletre y el éxito guerrero del Libertador, algo que no lleva a ningún lado. “El rancho no es económico sino cultural. Es vital enseñar a pensar, algo que no le ha interesado a los que llegan al poder porque sería cuchillo para sus gargantas”.

Para quien fue reconocido con la Orden Andrés Bello en su Primera Clase, el panorama no ha cambiado mucho en Venezuela. “Es un cinismo criminal que ahora insistan en que pueden formar a un médico en tres años. Esa pobre persona nunca encontrará trabajo, porque no sabe nada. Es un paria igual que antes. Es una ilusión perdida en un acto criminal”.

Sin ánimos de ser pesimista, el experto del Op Art concluye en que la clave para cambiar a Venezuela es lograr que el colectivo tenga conciencia, pero ésta depende del pensar, un proceso que tarda generaciones.

Su experiencia, empapada de optimismo, le lleva a avizorar que algún día el éxito explotará en esta nación, cuando el venezolano se dé cuenta de que el Estado no financia la libertad sino la dependencia.

Desde lo policromado hasta el blanco y negro

El egresado de la Escuela de Bellas Artes de Caracas aconseja a los emprendedores que estructuren la inteligencia para alcanzar el éxito, porque el de ideas sin concretarse sólo intoxica.

Con el conocimiento y el azar de su lado, Cruz Diez descubrió que el ojo humano visualiza un color amarillo entre la solidez de una barra roja paralela a otra verde, cuando se perciben en movimiento, y que el color negro en el Arte Óptico es esencial para lograr el equilibrio. “La invención pertenece a Dios, el hombre lo que hace es descubrir al observar con cuidado”. Sostiene que el arte y la vida son una misma cosa.

El hogar de Cruz Diez es su taller, en Rue Pierre Sémard, centro de París, una visión que comparten sus hijos porque ahí crecieron, festejaron los primeros éxitos de su padre, compartieron con los artistas Jesús Soto, Alejandro Otero y Juvenal Ravelo y hoy también es su lugar de trabajo, tradición a la que se sumaron sus nietos.

“Recuerdo que una vez iban a buscar una pieza y consiguieron un hueso de pollo en aquella gaveta. Había quedado allí desde una fiesta”, ilustró Jordi Ballart, del Centro de Documentación, al recorrer con el equipo de El Carabobeño la antigua boucherie (carnicería), el principal taller de Cruz Diez a lo largo de la cuadra.

El ambiente de los talleres del maestro del cinetismo en París va más allá de un contacto con la intimidad de su pasión. Es un reencuentro con Venezuela y la historia. Las conversaciones de la mayoría del personal pasan del exquisito francés a un inesperado acento caraqueño, impregnado de orgullo y amabilidad. “Mi abuelo es lo mejor que me ha pasado en la vida”, reveló la carismática nieta de Carlos Cruz Diez, Fabiana, tras ofrecer un excelente café.

El color separado de la forma, en su estado puro, no es subjetivo ni objetivo sino una situación, una circunstancia, elemento afectivo que existe y no, un fenómeno que varía con la luz y la distancia del espectador durante su interacción, ha demostrado el maestro con años de trabajo.

Las máquinas de su taller no existen en el mercado. Son también invenciones del maestro, que luego de trabajar con cartón, pvc extruido, vinilo y aluminio serigrafiado, logró que el espectador perciba en una misma pieza, desde lo policromado hasta el blanco y negro.

De su más reciente creación son las caminerias del estadium de Marlins de Miami, en Florida, Estados Unidos. Tras un suspiro, Cruz Diez adelanta, sin emitir detalles, que trabaja en muchos proyectos grandes.

Cruz Diez insta a Parra a tomar conciencia

A Carlos Cruz Diez aún le sorprende la forma en que fue chocada, hace hoy tres años, la Fisicromía Color Naranja 2002, instalada en la Redoma de Guaparo para el disfrute de los valencianos, pieza que aún no ha repuesto la alcaldía. “Las obras que yo instalo en parques y jardines son para los enamorados, para que lleguen a conversar y compartan, pero desde que me dijeron que fue un borracho el que se estrelló con esta pieza veo que nunca sospeché que también los borrachos podían participar de una manera activa con este arte. Para la próxima obra pensaré en ellos”, expresó entre risas.

Es nostalgia lo que expresa este caraqueño de fama mundial cuando rememora que en el siglo XIX había la conciencia de animar las ciudades con el arte, una herramienta fundamental para humanizar la sociedad y profundizar la cultura.

La Alcaldía de Valencia no ha reparado la Fisicromía Color Naranja 2002, bajo el alegato de déficit financiero. Cruz Diez instó al alcalde Edgardo Parra a asumir con lucidez que su cargo requiere de entusiasmo para hacer bien las cosas. Lo invitó a darse cuenta del valor de los momentos históricos que vive el país.

Frente a la desidia del gobierno municipal, el artista espera que la paciencia que han tenido los valencianos sirva también para despertar la conciencia colectiva.

La obra perdió su pieza original

El presidente de la Fundación para la Cultura de Valencia, Guillermo Vizcaya, anunció que la pieza que fue removida tras el choque quedó inservible y será reemplazada, a finales de octubre, por otra nueva. “Se le hará mantenimiento para que no se note el contraste del pedazo nuevo y el construido por una contratista autorizada por Cruz Diez”.

Choque visual en la redoma

Sobre la instalación, escasos metros de la Fisiocromía Color Naranja, de la obra “En honor a Nuestra Señora” de Wladimir Zabaleta, escultura plateada que evoca una de Las Meninas de Diego Velásquez, Cruz Diez recordó que el arte en sus distintas tendencias puede dialogar. Sentencia, no obstante, que siempre es importante discutir con especialistas antes de situar una obra, para evitar abarrotar los lugares con un discurso visual que neutralice la sublimación, ese efecto que cautiva al transeúnte.

Source : www.el-carabobeno.com - Luis Santiago

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