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Maestro y leyenda
Diario El Siglo - Aura Romero

(20.05.2012)

“No me veo en otra profesión. Si volviera a nacer, escogería exactamente el mismo camino: intentar ir más allá de lo aceptado como absoluto”
 

Cuando se habla de la infinidad de sensaciones y mensajes que traen consigo los colores es imposible no pensar en el Maestro Carlos Cruz-Diez uno de los máximos exponentes del op art de nuestro país.
Su niñez estuvo colmada de afecto, respirando el aire puro de una Caracas circundada por haciendas de caña, donde por las tardes la neblina del Ávila bajaba hasta la Plaza de La Pastora; disfruta de alimentos sencillos y sanos de la cocina tradicional caraqueña que hacía su madre y divirtiéndose con los juguetes que él mismo fabricaba.

¿Qué llevó a este niño a vincularse con el arte que más tarde lo convertiría en un sinónimo mundial?

-De niño escuché hablar de literatura, de arte, de música y de teatro; mi padre era poeta y mi madre le acompañaba en sus lecturas. Me recuerdo dibujando en compañía de una gran caja de creyones como a los 6 años de edad, actividad que se convirtió en mi favorita a través de los años. A los 17 años manifesté a mis padres mi deseo de ser artista, fue un día de celebración, pero también me advirtieron claramente que estaba contrayendo un compromiso muy serio conmigo mismo y con la sociedad.


Cursó estudios en la Escuela de Bellas Artes de Caracas donde más tarde fue profesor de historia de Artes Aplicadas. Trabajó como diseñador gráfico para varias publicaciones de Caracas para poder costear sus investigaciones sobre el color ¿Alguna experiencia inolvidable de esa época?

Tuve la buena intuición de hacerme una fascinante profesión paralela a la pintura, lo que me permitió financiar mi libertad de artista.
Siendo alumno de la Escuela de Artes Plásticas tuve mi primer encargo y también mi primer fracaso. Un día llegó un señor buscando un alumno aventajado que ilustrara una novela que había escrito. Antonio Edmundo Monsanto, entonces director de la Escuela, me llamó a cumplir la tarea por la cual, además, sería remunerado.
Me sentí muy orgulloso y optimista, era mi primer encargo y seguro ganaría mi primer dinero. Dos semanas más tarde, regresó el novelista en busca de las ilustraciones. Las examinó detenidamente, se desató en interjecciones y gestos de alabanza. Mientras más cosas decía, más se inflaban mi ego y mi avaricia. Finalmente, tomó las ilustraciones y dándome un abrazo con fuertes palmadas en la espalda me dijo – Esto es más de lo que yo había imaginado… Joven, que Dios se lo pague, porque yo no tengo con que pagárselo... Dio media vuelta y se marchó. Nunca más supe de él ni de su libro. Gracias a esa temprana experiencia, cada vez que el Estado Venezolano me encarga una obra, opto por donarla en previsión de que me digan que “Dios me lo pague, porque el Estado no tiene como”.
Luego de varias visitas a París Cruz-Diez se instala allí definitivamente con su familia en 1960; reconoce que de haberse quedado en Venezuela y no ir a París no sería el Cruz-Diez que hoy conocemos. Destaca que en los años 50 y 60 la comunicación no había llegado a los niveles de desarrollo actual, y que para dar a conocer la obra era necesario ir a los sitios que irradiaban cultura, en la época actual y con el desarrollo de las comunicaciones, “no es indispensable que el artista salga de su cueva para divulgar su obra”. “Nunca me he sentido extranjero en París y nadie me lo ha hecho sentir. Es un lugar para la reflexión, donde fluye la comunicación planetaria. Yo he aprendido a conocer y amar América desde París.” Señala el maestro.

Entre París de hace 50 años y el París actual, ¿cuál de los dos prefiere?

Cuando la visité por primera vez en el 55 era delicioso desde el punto de vista intelectual. Los artistas e intelectuales se reunían a conversar en restaurantes, en el bistrôt, o en el café. Así fue hasta los años 70, cuando los artistas e intelectuales desaparecieron de la ciudad y se refugiaron en sus estudios o se fueron al campo. Ahora la ciudad es otra, brinda otras posibilidades urbanas, pero sigue ofreciendo su eterno encanto. El confort urbano de esta ciudad no lo tiene ninguna otra en el mundo. Es una ciudad para caminarla y contemplarla. París no cambia, cambia la gente.

La mayor parte de su vida ha transcurrido en París, pero eso no lo ha desligado del acontecer de nuestro país, como venezolano residenciado en el exterior, ¿Cómo percibe la situación actual de Venezuela?

- Salí a los 36 años de Venezuela y me residencié definitivamente en París. Desde los años 50 se vislumbraba la situación que ahora vive el país. Las élites pensantes decían que si la democracia no solucionaba los graves problemas culturales que adolecía el colectivo venezolano, la gente del rancho llegaría a gobernar en Miraflores…” todas nuestra calamidades son eminentemente culturales, producto de una deficiente programación educacional que no enseña a pensar”…

¿Qué le hace falta al sistema educativo de nuestro país para dar mejor formación y apoyo a los nuevos artistas?

- Que un equipo de notables se dedique a reflexionar y analizar profundamente sobre los cambios y correcciones que hay que hacer a nuestro sistema con el objeto de que el venezolano aprenda a conducir su pensamiento.

La tecnología se ha apoderado de todo en el mundo, ¿Cómo funciona la tecnología en el arte y cómo usted la aprovecha?

- Desde las cavernas, la tecnología ha sido el aliado fiel del hacedor de arte. Manejar el pedernal era una tecnología. Manejar la pluma de ganso para escribir también era una tecnología. El nivel tecnológico al que hemos llegado me permite decir lo que quiero con mayor eficacia y propiedad.
Cada color que usa en sus obras para él significa el asombro que produce una aventura maravillosa, el color que mejor lo define es el del afecto y del amor a la vida; en cuanto a su personalidad dice es como la de todos artista, “somos monomaníacos”.
Este icono artístico venezolano no ha logrado desprenderse de las diversas características de los nacidos bajo el tricolor nacional como el sentido de la amistad y del afecto que nos caracteriza. Los recuerdos de su infancia no lo abandonan, sobretodo los relacionados con la mesa y sus manjares.
Los últimos años han sido de constante actividad para el artista, han surgido exposiciones en diversos países, inclusive una itinerante por algunos museos en Corea del Sur y China. Su exposición retrospectiva requirió un intenso trabajo de su parte, ésta empezó en Houston, luego fue a Argentina y ahora va para Sao Paulo y México. Actualmente se encuentra diseñando varias obras de integración a la arquitectura en México, Brasil, Venezuela y Estados Unidos.
El trabajo realizado por él en todo este tiempo le ha hecho acreedor de un sinfín de reconocimientos en todo el mundo, recientemente le fue otorgada La Legión de Honor (Légion d’Honneur), la más importante de las condecoraciones francesas, concedida a hombres y mujeres, franceses o extranjeros, por méritos extraordinarios realizados dentro del ámbito civil o militar. “Siempre es placentero saber que tu discurso aparentemente ha sido escuchado y que tu trabajo tiene alguna significación para el semejante” sentencia el maestro al preguntarle lo que para el significa cada premio recibido.
Su creatividad, y pasión lo ha convertido en un modelo a seguir y en la inspiración de muchos artistas; el hombre, la leyenda, el maestro eso y más Carlos Cruz-Diez.

Source : Diario el Siglo - Aura Romero

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