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Carlos Cruz-Diez: Soy un artista de mi tiempo
El Universal - María Gabriela Fernández B.

(14.04.2016)

En las obras del maestro Carlos Cruz-Diez (Caracas, 1923), los colores se desprenden y parecen flotar, cual bruma marina, sobre las superficies. Cambian, tiemblan, laten al ritmo que les otorga la mirada de quien los contempla, como si apenas debieran su origen a un objeto físico.

Convencido de que sus piezas son acontecimientos sensoriales, este artista –Premio Nacional de Artes Plásticas en 1973 y merecedor, entre otros méritos, de la Turner Medal 2015– asegura que un cuadro es solo un medio que le permite exhibir el resultado de sus reflexiones sobre lo cromático, y que en esas ideas, más que en lo físico, “reside realmente el arte”.

Por esto, para su próxima exposición individual, que será inaugurada este domingo en La Caja,en el Centro Cultural Chacao, Cruz-Diez decidió librar a sus creaciones de los requerimientos estrictos del soporte y se centró en su percepción sobre la fugacidad de la experiencia ante el arte. Las 16 piezas que integrarán esta muestra, titulada Efímeras, fueron elaboradas por el artista en su taller de Panamá en 2015 y, desde allá, fueron enviadas hasta Caracas vía correo electrónico para su instalación sobre soportes que, dice el maestro, poco le preocupan. Al finalizar la exposición, apunta, las obras serán destruidas.

–Una exposición es igual que un concierto: a quien asiste le queda el disfrute, la experiencia ante la obra y, luego, el recuerdo. Hoy en día tengo la oportunidad que da la tecnología de hacer obras que pueden viajar sin soporte. Yo hago exposiciones en China, en Corea, sin embalaje alguno, en distintos formatos y a bajo costo. Esto es lo que yo llamo una exposición de mi tiempo, y así será en Caracas. Yo no estaré ahí, pero sí mis conceptos contenidos en creaciones que pertenecen a mis ocho líneas de investigación sobre el color.

–¿Y dónde ubica al concepto del original en la obra de arte, la importancia de la firma y la mano del artista?

–Yo no soy un pintor renacentista, soy un artista de mi tiempo y he dedicado mi vida a quitarme del hombro el piano del artista tocado por Dios. Un experimentador tiene que centrarse en la búsqueda de nuevos discursos y soportes, y esto es algo que sólo las nuevas generaciones han valorado. Yo respeto al pasado y trabajo desde lo que aprendí de él, pero la sociedad de hoy tiene intereses y métodos distintos. La pintura del pasado se refería a testimonios de lo vivido, mientras la reflexión de hoy es sobre el tiempo y el espacio, sobre el presente perpetuo que acontece cuando se mira, aunque sea por un instante, una obra de arte.

La pintura del pasado se refería a testimonios de lo vivido, mientras la reflexión de hoy es sobre el tiempo y el espacio, sobre el presente perpetuo que acontece cuando se mira, aunque sea por un instante, una obra de arte.

–¿Hay algo que no deba ser efímero en el arte?

–Lo más importante en el arte son los conceptos, el artesanado del arte está en segundo lugar. Si algo debe prevalecer, son las ideas.

–¿Cuál es su idea sobre la belleza?

–El mundo del color es la belleza y el afecto.

–La belleza es un convenio generacional. Vivimos en una vida social hiperbarroca, donde no hay espacio libre, no hay silencio. Todo suena, todo se incendia, todo estimula y todos están, sin estar, con sus celulares. Por eso hay tan pocos filósofos, porque ya nadie mira al cielo. Esa es la estética del arte y de lo social.

Vivimos en una vida social hiperbarroca, donde no hay espacio libre, no hay silencio.

–¿Cómo estimular al arte en una sociedad fracturada, como la venezolana?

–La situación de Venezuela es confusa para mí, y responde a un deterioro de décadas que ha llegado a su cúspide. La historia ha confirmado que los momentos de crisis favorecen la creación artística y ahora en Venezuela hay un movimiento creativo intenso en los jóvenes, con todo y la dificultad para materializar sus propuestas.

–Tras ocho años sin visitar el país, ¿atesora algún color de Venezuela?

–La luz de Caracas entre noviembre y enero. Es tan bella que siempre la llevo conmigo.

–¿Diría que ha vertido esa luz en sus creaciones?

–Mis colores tienen que ver con mi país, son cosas que vienen en el paquete desde el nacimiento. Como artista, uno no controla esa armonía.

–¿Puede el arte salvar a Venezuela?

–El arte es una bomba de tiempo, una acumulación de información que hace pensar a la gente. El arte libera al hombre. Yo soy libre porque soy artista.

Source: El Universal - María Gabriela Fernández B.

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